Los condes de Caracas

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Historias que vale la pena contar

En Venezuela, como en otras provincias ultramarinas, se constituyó una sociedad jerárquica y desigual, consecuencia directa de la traslación y adecuación a estos territorios, de las formas y procederes sociales existentes en España en el momento de la conquista.

Como consecuencia de este proceso, se formó una nobleza criolla que actuó de acuerdo con los valores y principios jerárquicos de la sociedad del antiguo régimen.

Muchos de aquellos hombres o sus descendientes, pertenecientes a los sectores privilegiados de la sociedad, se sumarian luego a la causa de la independencia en la llamada conjura de los mantuanos de 1808, y apoyaron el cambio político que puso fin a la sociedad antigua y dio paso a la instauración de un orden republicano.
En Venezuela ocurrió como en toda la América Hispana, que hubo una época donde existieron condes y marqueses, y estos andaban en silla de manos cargados por esclavos a su servicio.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX, solo los descendientes de conquistadores o dueños de inmensas fortunas poseían títulos nobiliarios y estos eran hereditarios. De ellos hubo en la apacible Caracas de entonces, 4 marqueses y 3 condes.
En Caracas vivieron los tres condes con títulos nobiliarios, y ellos fueron: Don Antonio Pacheco, conde San Javier, Don Fernando Ignacio de Ascanio, conde de la Granja y el conde de Tovar.
El conde de San Javier, llegó a Caracas en el año de 1732; y el conde de la Granja en 1795.
La casa del conde de la Granja estaba situada en el ángulo sureste de la actual esquina del Conde, y fue por muchos años propiedad de la familia Boulton.
Don Fernando Ignacio de Ascanio, conde de la Granja, asistió en unión de Manuel Marcano, ambos reconocidos realistas el año de 1814, al pueblo del Valle a entrevistarse con el terrible Boves, siendo fusilados en la calle, en el sitio del Rincón del Valle, por las tropas del temible guerrillero.
Sus cuerpos fueron enterrados el día 10 de julio del mismo año en la catedral de Caracas, con el hábito de la merced.
Hacia el norte estuvo situada la casa de los condes de Tovar, cuyo título les fuera concedido el año 1771. “La vieja casona del conde Tovar estaba en la esquina de “Las Carmelitas”, curiosamente hoy esta casa es perfectamente reconocible, pues allí funcionaron por mucho tiempo las oficinas del correo de Venezuela.
Los cronistas dicen con justa razón, que la “esquina del Conde” debía llamarse en propiedad de “los condes”, pues frente a la casa solariega del Conde de San Javier, estaba situada la casa del conde de la Granja y una cuadra más arriba la de los condes de Tovar.
La casa del conde de la Granja fue luego mansión de Oviedo y Baños, el autor de la primera “historia de la provincia de Venezuela”.
Luego fue destruida y en sus terrenos se construyó el “pasaje del Capitolio”, que toma su nombre del teatro del mismo nombre allí situado.
En la casa del conde de San Javier, propiedad de don Antonio Pacheco, antes de su total destrucción, estuvo en ella “la imprenta nacional”, después “el eco venezolano” y, por último, “El Nuevo Diario”, órgano de la dictadura gomecista.
En esa casona se instaló la Junta Suprema de Caracas, conservadora de los derechos de Fernando VII, el 20 de abril de 1810; y un año más tarde, en 1811, se congregaron en sus salones los diputados del primer congreso de Venezuela.
De todas aquellas casonas, solo existe hoy día la que fue la casa de los condes de Tovar, en la esquina de Carmelitas, la han vestido de vistosos colores que sirven de señuelo a los transeúntes, quienes por mirar lo que ocurra en su diario trajinar por la ciudad, no estiman en nada tiempo que podrían utilizar en cosas productivas.

Si alguien se propusiese servirle de cicerone a los curiosos, y se diese a la tarea de hacerles la historia de este edificio por una módica suma, les diría que allí vivió uno de los hombres más ricos de Venezuela en la era colonial; que hasta allí, hizo llegar el agua el ilustrísimo obispo González Salinas, fundador del primer acueducto de Caracas.

Una vez sellado el proceso de la liberación, la residencia del conde de Tovar, sirvió de alojamiento a la guardia de honor del presidente Guzmán Blanco.

Luego sede le Ministerio de Guerra y Marina, y reformada por el gobierno del presidente Juan Vicente Gómez, fue destinado a palacio de correos.

Algo curioso que prueba el poco valor que le dan algunos hombres a las reliquias históricas, fue el caso de que los portones de esa residencia, con sus tachuelas de bronce, arabescos del mismo metal y otras cosas, las recogió en la calzada un embajador de Brasil, y las remitió a su país y las hizo colocar en una morada suya, que ha calado con el mote de “Villa Venezuela”.

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